Martes, 17 de Octubre de 2017

Una emboscada de fuego en mitad del bosque de Portugal acaba con la vida de 62 personas

Mueren 62 personas en el incendio más mortífero de la historia de Portugal. Arrecian las críticas contra el Gobierno por los fallos en el operativo antiincendios.

Donde antes discurría una plácida carretera que atravesaba los bosques frondosos del interior de Portugal -ligando las pequeñas aldeas que conforman el municipio leirense de Pedrógão Grande-hoy sólo queda un escenario apocalíptico en el que domina la muerte. Los verdes vibrantes del bosque han sido reemplazados por el gris oscuro de una densa capa de ceniza, cuya monotonía es rota sólo por el acero de los coches calcinados y el negro de cientos de árboles reducidos a carbón. Entre el humo y las llamas que anoche aún proliferaban en la zona se encontraban los restos mortales de al menos 62 personas, víctimas del incendio que arrasado la zona, y cuyos cuatro frentes continuaban activos a última hora de ayer.

Todo comenzó la tarde del sábado, cuando la combinación de altas temperaturas y el rayo errante de una tormenta eléctrica sirvieron para desatar un fuego de una intensidad inimaginable en el corazón del distrito central de Leiría, ya afectado por una intensa sequía. El fuerte viento sirvió para crear lo que las autoridades califican de "tormenta de fuego", que se expandió con tal rapidez que fue imposible cortar las carreteras antes de que se produjera la tragedia.

La mayoría de los fallecidos viajaba a través de la carretera nacional 236, que liga las aldeas de Figueiró dos Vinhos e Castanheira de Pêra, sin saber que se dirigían hacia una ratonera mortal. De repente se encontraron completamente rodeados por las llamas, que alcanzaron los vehículos tan rápidamente que al menos 30 personas fallecieron sin lograr escapar de sus coches. Más de 20 cadáveres fueron hallados calcinados en los andenes de la carretera y en el bosque, donde habían intentado huir a pie antes de ser alcanzados por el fuego. Otras tres víctimas fueron descubiertas en el cementerio de Castanheira de Pêra, donde aparentemente lograron llegar antes de perecer por inhalación de humo.

Bomberos que participaban en las operaciones de rescate hablaban de un escenario terrible, con la mayoría de los cadáveres e incluso algunos coches calcinados hasta el punto de ser completamente irreconocibles, y con varios niños entre las víctimas mortales.

Entretanto, al menos 60 personas eran atendidas en un hospital de campaña establecido en el centro de salud de Pedrógão Grande, con otras 18 víctimas con pronósticos especialmente graves evacuadas a centros hospitalarios especializados en Lisboa, Coimbra y Oporto.

Las autoridades anticipaban que el número de víctimas siguiera elevándose a lo largo de la madrugada del domingo, y muy posiblemente en los próximos días. Varias aldeas aisladas se encuentran completamente incomunicadas desde la tarde del sábado, cuando ya se encontraban rodeadas por las llamas, y las autoridades lusas consideran probable que más víctimas sean halladas en casas destruidas por el incendio según avanzan las labores de rescate.

En un intento de limitar el riesgo al público, las autoridades han cortado todas las carreteras que se dirigen a la zona, pero en los puntos de bloqueo se congregaban gran número de familiares de residentes locales, ansiosos por auxiliar a sus seres queridos. "Tengo que llegar ahí, aunque sea a pie", gritaba desconsolada una mujer ante los medios congregados.

"La peor tragedia de nuestras vidas"

Otros permanecían a la espera de confirmar lo peor. "Estoy aquí preso, intentando llegar a Castanheira, a una casa que no existe donde sé que están los cadáveres de mis padres", declaraba un hombre desconsolado. "Mis padres han muerto, ya me lo confirmó un vecino, que vio cómo se quemaba la casa con ellos dentro".

Desde el frente de la lucha en Pedrógão Grande, el primer ministro António Costa afirmaba que los portugueses se encontraban "ante la peor tragedia de nuestras vidas", mientras declaraba tres días de luto.

El jefe del Gobierno portugués señaló que una vez que se controlara el incendio, se procedería a un registro sistemático de cada aldea para determinar el número total de fallecidos. Actualmente ya está desplegado un equipo especial del Instituto de Medicina Legal de Lisboa, cuyos médicos forenses intentan identificar a las víctimas halladas en la carretera nacional 236.

Pedro Passos Coelho, asegurando que se trata de "un momento para las autoridades, no para los políticos".

El secretario general de los comunistas lusos, Jerónimo de Sousa, manifestó su apoyo de Costa, con el que participa en la alianza parlamentaria de la izquierda que sostiene al Ejecutivo minoritario, pero ya ha anunciado su intención de lanzar una investigación formal de la operación.

Costa, por su parte, no negó que la tragedia tendrá que ser investigada, pero de momento afirmó que "la prioridad es apagar este incendio e identificar a las víctimas. Ya llegará el momento para determinar lo que ha pasado, pero ahora mismo centrémonos en aquello que podemos conseguir juntos".

Casi 2.000 bomberos continúan este lunes luchando contra las llamas. Se espera que a lo largo de la mañana lleguen dos aviones más procedentes de España y medios de Francia para controlar la situación. "No tenemos previsión aplicable en esta situación; sinceramente no podemos decir cuándo pensamos que podría estar controlado", explicaba una fuente de Protección Civil a EL MUNDO.

Aunque la Unión Europea ya ha activado el Mecanismo Especial de Protección Civil para enviar ayuda a Portugal, el primer país en responder fue España, que desplegó dos aviones apagafuegos del 43 Grupo del ejército del Aire, procedentes de la Base Aérea de Matacán, Salamanca, y la unidad del Ejército del Aire en Torrejón, respectivamente.

Aunque los especialistas consideran que tragedias de la magnitud de la de Pedrógão Grande son imposibles de prever, ayer arreciaron las críticas al Gobierno, argumentando que podría haber hecho más para responder rápidamente en una zona donde los incendios veraniegos son habituales, y donde el aislamiento de las poblaciones las deja especialmente desprotegidas.

Ante la intensidad de los incendios del pasado verano -en los que murieron tres personas en la isla de Madeira-, el Ejecutivo de Costa se marcó el objetivo de no registrar ni una víctima mortal en incendios este año. El Gobierno prometió reforzar la aplicación de la legislación de regula la limpieza de las masas forestales y también ampliar los medios disponibles para luchar contra esta amenaza. Se lanzó una ambiciosa campaña para replantar bosques con árboles resistentes a las llamas y se habilitaron fondos para 1.580 operativos adicionales.

Sin embargo,a lo largo del domingo las autoridades locales denunciaron la falta de medios disponibles, y el alcalde de Pedrógão Grande, Valdemar Alves, lamentó que su conciudadanos estuvieran a la merced de bomberos de Lisboa, a 200 kilómetros de distancia.

Aunque varios periódicos nacionales pedían la dimisión de la ministra de la Administración Interna lusa, Constança Urbano de Sousa, anoche los políticos se limitaban a ofrecer su apoyo al Ejecutivo, con el líder de la oposición, el ex primer ministro conservador Pedro Passos Coelho, asegurando que se trata de "un momento para las autoridades, no para los políticos".

El secretario general de los comunistas lusos, Jerónimo de Sousa, manifestó su apoyo de Costa, con el que participa en la alianza parlamentaria de la izquierda que sostiene al Ejecutivo minoritario, pero ya ha anunciado su intención de lanzar una investigación formal de la operación.

Costa, por su parte, no negó que la tragedia tendrá que ser investigada, pero de momento afirmó que "la prioridad es apagar este incendio e identificar a las víctimas. Ya llegará el momento para determinar lo que ha pasado, pero ahora mismo centrémonos en aquello que podemos conseguir juntos".

Fuente: EL MUNDO

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